En lengua Muysca, Xie, deidad y palabra que representa el Agua, es introducida a la performance "Xie. Corazón de Agua" para ser el agua que fluye por la tierra, el agua que somos, el agua que bebemos, el agua que ensuciamos, el agua que habitamos y que nos habita, el agua que vendemos y compramos, el agua que habita en los otros seres con los que compartimos una misma esencia, el agua que es memoria y es olvido pero que sigue fluyendo bajo el cemento.
El agua como posibilidad de revelarse, de alzar la voz, de señalar, de denunciar, de ser la fuerza, de impulsar la vida, de acabar con todo y seguir fluyendo. El agua que se abre paso y que no cesa, pero que está agonizando y con ella nosotros, todos, toda la vida, el latido del agua que cesa, que palidece, que se estanca y se pudre.
Y su reflejo, somos nosotros. Y nuestros actos su destino.
Así que basándome en mi experiencia en la labor ambiental y artística, así como también el reconocimiento del Territorio Jaboque por más de diez años, decidí juntar esta labor y experiencia con los pasos y huellas que dejó en la Performance la artista María Teresa Hincapié, quien con su labor abrió camino al Performance como acto de resistencia ambiental y ecológica y como pregunta que incomoda pero que es necesaria realizar en estos tiempos en dónde sabemos que nuestra agua y planeta perece, pero que pasa sin mayor importancia por el corazón de varios que han olvidado que son hijos de la tierra y como tal debemos comportarnos.
Recorriendo los pasos recorridos por María Teresa Hincapié, emblemática artista de Performance en Colombia y recordando aquella frase que exponía el estado aún actual del ser humano y las otras especies, en dónde todos estamos, y cito "enjaulados en un mundo basado en la comercialización, en la industrialización y el consumo, que lo reduce a uno a esto, a vivir en una jaula, y que convierte el mundo y la vida, en un espectáculo.". Situada desde esta idea y como vecina del Humedal Jaboque, testigo de primera mano de su transformación, destrucción y paulatina mercantilización durante varios años, no logro evitar pensar que la huella del hombre sigue siendo la destrucción de lo que en realidad es la vida y de los ecosistemas que la albergan y que solo por existir ya son valiosos e importantes, no solo para los que habitamos este territorio, sino para todos los seres que habitamos este planeta.
Al Humedal Jaboque lo veo cada vez más enjaulado, y mi alma que es libre cuando habita este territorio, se siente enjaulada también. Así que se hace necesario que desde la práctica real de recorrer el territorio, habitarlo, sentirlo, escucharlo y conectar, lograr develar esa naturaleza que SOMOS y que es inherente a las demás acciones que como humanos querramos desarrollar. Al fin y al cabo sin agua no hay vida. Sin naturaleza qué?
Recorriendo los pasos recorridos por María Teresa