Mi motivación para participar en este taller nace de mi interés profundo por el cuerpo como espacio de investigación, lenguaje y experiencia sensible. Para mi, las prácticas corporales no solo como un medio de expresión artística, sino como un territorio donde se entrecruzan las pieles de lo emocional, lo simbólico y lo colectivo. Me interesa habitar el cuerpo desde la escucha, el gesto y la presencia, y explorar cómo estos elementos pueden transformarse en acciones significativas que dialoguen con otros cuerpos y contextos.
Actualmente me encuentro en un momento de búsqueda y consolidación de mi práctica artística, en el que deseo nutrirme de procesos de aprendizaje que integren reflexión, experimentación y acompañamiento. Considero que este taller representa una oportunidad valiosa para profundizar en herramientas conceptuales y prácticas que me permitan expandir mi mirada sobre el performance, fortalecer mi lenguaje corporal y abrir nuevas preguntas en torno a mi trabajo.
Me motiva especialmente la posibilidad de compartir este espacio con otras personas interesadas en el cuerpo como eje creativo, generar intercambio de experiencias y construir conocimiento de manera colectiva. Considero que el taller es un espacio de cruce, donde la práctica individual se potencia a través del diálogo, la observación, la retroalimentación, y el encuentro con nuevas perspectivas en constante flujo.
Me gustaría transformar la localidad a través de procesos que cuestionen las dinámicas estructurales de exclusión, violencia simbólica y silenciamiento que atraviesan el territorio. Considero que un territorio libre y en paz no se construye únicamente desde la seguridad o el control, sino desde hallazgos que parten desde el encuentro con el cuerpo propio, el reconocimiento de las corporalidades diversas que lo habitan, y finalmente, el reconocimiento del espacio, los otros y sus incidencias hacia la construcción del tejido de lo personal.
Desde mi práctica artística, creo que el arte, el performance y las acciones simbólicas gestadas desde el cuerpo pueden abrir espacios de encuentro donde las personas se reconozcan desde la sensibilidad y no desde la violencia o el miedo. Reconocer el cuerpo como lugar de memoria y expresión, permitiendo que las emociones, los dolores y las historias del territorio encuentren canales de transformación y diálogo a través de los cuerpos.
Considero que un territorio en paz es también un territorio que se escucha a sí mismo. Por eso, considero importante trabajar desde prácticas que promuevan el encuentro con lo corporal, el respeto por la diversidad y el hallazgo de la vida latente que contienen los espacios que habitamos, entendiendo que la posibilidad de paz se construye desde relaciones más sensibles con el cuerpo, el espacio y el reconocimiento.
Transformar la localidad implica, para mí, sembrar experiencias que permitan resignificar el espacio común, donde el arte funcione como un puente para la sanación, la convivencia, el encuentro y la construcción de un territorio más libre, consciente y compartido. |