En la sociedad moderna, opera de forma implícita y sigilosa, una especie de segmentación, sectorización, territorialidad que marca patrones y emana autoridad en muchas de las órbitas del ser humano: cómo debo comportarme, qué debo aprender, cuando debo producir y cuál es la belleza. La iglesia, la escuela, la empresa y el museo.
Dichos espacios, responden a estas demandas y además, las moldean. Es por ello que resulta pertinente elevar el cuestionamiento sobre el efecto de tales instituciones en las relaciones de poder que operan en la sociedad.
Como Drukheim mencionó: dichas instituciones determinan lo "permitido", lo "correcto", lo "productivo" y lo "valioso".
La antropología corporal (Mauss, Le Betron) muestra las formas como el ser humano ritualiza los procesos conducentes en cada una de sus áreas. Orar, leer, producir y exponer son maneras como el cuerpo se convierte en un vehículo de las relaciones de poder que operan sobre el individuo.
Sin embargo, al ser un proceso cultural y heredado, también es susceptible de invertirse, e incluso de ser suprimido. Y retomando la tesis del francés Michel Foucault, el poder se encuentra más allá de cualquier institución o espacio, el poder es una potestad que ostenta cada individuo, cada ser en sus acciones. Cada acto genera una posibilidad, una capacidad, un poder. |