Performance Autobiográfica nacida de mi experiencia habitando el mundo desde la neurodivergencia. Ésta reconoce la existencia de una diversidad neurológica en la percepción, sensación y procesamiento de la realidad, diferente al promedio. Dentro de esta diversidad se encuentra el Trastorno del Espectro Autista, en donde la sensibilidad a los estímulos —sonidos, luces, movimientos o interacciones sociales— puede ser significativamente más INTENSA.
En una sociedad que privilegia CUERPOS HEGEMÓNICOS, muchas de las violencias que atraviesan las personas neurodivergentes permanecen invisibles para quienes no las viven. En la vida cotidiana, los cuerpos neurodivergentes —como los cuerpos autistas— son constantemente empujados hacia la norma: a regular sus gestos, a silenciar sus sensibilidades, a adaptarse a entornos diseñados para otros ritmos y otras percepciones. Muchas de las violencias que sostienen esta exigencia son sutiles, casi invisibles, pero se inscriben profundamente en el cuerpo, llevándolos a un completo MELTDOWN (respuesta intensa del sistema nervioso cuando la sobrecarga sensorial, emocional o social supera su capacidad de regulación).
En este contexto, la ciudad actúa como un dispositivo simbólico que define qué cuerpos encajan y cuáles son percibidos como "excesivos", "raros" o "desajustados", patologizandolos.
En la navegación del pulso de la ciudad, del ritmo urbano, tan acelerado y tan repetitivo, la performance explora la tensión entre la dualidad de estados: el caos y el alivio, el ruido impuesto y el silencio anhelado, el movimiento intenso y la quietud sanadora.
El cuerpo aparece como territorio político: o me exijo al punto de quiebre, o "no soy civilizado". El cuerpo se convierte en archivo vivo donde se inscriben experiencias, violencias y resistencias. Más que explicar una condición, esta acción busca abrir un espacio de sensibilización: una invitación a imaginar otras formas de percibir-nos, habitar-nos y cuidar-nos. |